Alejandro Peña Ganó La Serie Mundial El Mismo Día Que Gibson Hizo Historia
Un 15 de octubre, el serpentinero puertoplateño fue el pitcher ganador del Juego 1 de la Serie Mundial de 1988, la noche del jonrón inmortal de Kirk Gibson.

Una noche de octubre que el béisbol no ha podido olvidar. Kirk Gibson, apenas capaz de correr por las lesiones que lo consumían, se acercó al plato con dos outs en el noveno episodio y sacó un jonrón de dos carreras frente a Dennis Eckersley para que los Dodgers de Los Ángeles derrotaran 5-4 a los Atléticos de Oakland en el Juego 1 de la Serie Mundial de 1988. Pero en ese instante eterno también había un dominicano con la victoria en la mano: Alejandro Peña.
El derecho nacido en Cambiaso, Puerto Plata, había entrado como relevista por Los Ángeles y blanqueó a Oakland durante dos entradas. Cuando Gibson desapareció el lanzamiento de Eckersley y el Dodger Stadium estalló, la victoria quedó oficialmente acreditada a Alejandro Peña. No fue un cameo: fue la actuación que entrelazó su nombre con una de las imágenes más famosas en la historia de las Series Mundiales.
Lo curioso es que aquella no era la primera vez que Peña escribía su nombre en un clásico del béisbol. Cinco años antes, en la Serie del Caribe Caracas 1983, había lanzado con los Tigres del Licey, representantes de República Dominicana, y consiguió una de las tres victorias que el conjunto dominicano anotó en un torneo en el que cerró con marca de 3-3. En aquel equipo campeonal compartió terreno con figuras del calibre de Tony Fernández, Alfredo Griffin, Pedro Guerrero, César Gerónimo, Luis Pujols y Rafael Santana.
Su vínculo con el clásico caribeño tuvo una segunda vuelta. Peña regresó con el Licey a la Serie del Caribe de 1984, celebrada en San Juan, Puerto Rico, edición que se llevaron las Águilas del Zulia de Venezuela. Dos participaciones en el torneo regional antes de cruzar el Atlántico de los sueños hacia las Grandes Ligas.
Cuatro años después de San Juan llegó aquella noche del 15 de octubre en el Dodger Stadium. Alejandro Peña ya no era solo un lanzador con historia en el Caribe: era el pitcher ganador del partido que abría la Serie Mundial más recordada de su era. Los Dodgers terminarían conquistando el campeonato de 1988 con una serie de 4-1 sobre Oakland, una de las sorpresas más grandes del béisbol moderno.
Así, mientras Gibson recorría las bases con dificultad y la multitud enloquecía, en el libro de récords quedaba también el nombre de un hijo de Puerto Plata que había llegado a ese escenario desde los terrenos polvorientos de la pelota caribeña. La historia de Alejandro Peña es esa: la de un dominicano que estuvo en el lugar exacto, la noche exacta, cuando el béisbol tocó lo eterno.



