Los Animales De Terapia Que Acompañan A Los Atletas Olímpicos En La Competencia
De Beacon, el golden retriever del equipo de gimnasia de EE.UU., a los gatos de deportistas paralímpicas: los animales de apoyo se han convertido en piezas clave del bienestar deportivo de alto rendimiento.

Antes de que Simone Biles pisara el tapiz y Stephen Nedoroscik se pusiera los lentes para su rutina en la argolla, hubo una cola que se agitó. Un golden retriever de seis años llamado Beacon, quizás el miembro no competidor más famoso del equipo de gimnasia artística de Estados Unidos, fue el primero en romper la tensión. Los animales de terapia llevan tiempo ocupando un lugar silencioso pero decisivo en el mundo del deporte olímpico, y su rol ya no se puede ignorar.
Beacon se convirtió en el primer animal de terapia del equipo estadounidense de gimnasia artística antes de las pruebas de selección para París 2024. Recorría las instalaciones, detectaba el estrés y tiraba de la correa hacia quien más lo necesitaba. Tracey Callahan Molnar, exgimnasta y guía del perro, lo explicó con precisión: "Absorben el estrés de las personas a las que ayudan a aliviarlo. Así que, aunque pueda pasarse dos horas tumbado sin moverse, después queda agotado". Sunisa Lee lo resumió distinto, con una publicación simple en redes: "Gracias a Dios por Beacon". Tras someterse a una operación después de París, el perro ya se ha recuperado por completo y su camino hacia los Juegos de Los Ángeles 2028 está en marcha.
Pero Beacon no es el único cuatro patas que ha ganado su lugar en una delegación olímpica. Los nadadores estadounidenses contaron durante años con Izzo, un cruce de labrador y husky que ejerció como perro de terapia certificado por ocho años. Se retiró tras las pruebas de selección para París 2024 y, como reconocimiento a su labor, fue nombrado miembro honorario de la delegación antes de fallecer ese mismo año. Un título que nadie le discutió.
La Federación Australiana de Natación tomó nota. En el Abierto de Australia llevó tres golden retrievers al borde de la piscina para acompañar a sus deportistas. Linley Frame, exnadadora olímpica y responsable de bienestar de Swimming Australia, explicó la lógica detrás de la iniciativa: "Interactuar con animales, aunque sea brevemente, puede aumentar los niveles de oxitocina en el cerebro. Queremos explorar cómo crear un entorno en el que los deportistas puedan desconectar del revuelo y la ansiedad que puede generar la competición". La ciencia y la intuición, por una vez, apuntan al mismo lugar.
No todo es perros. La deportista paralímpica letona Poļina Rožkova, ganadora de una medalla de bronce en curling en silla de ruedas en los Juegos de Milano Cortina 2026, habla de su gato rescatado de pelaje anaranjado, Archibald Demizy, como de su "salvador". "Cuando llego a casa, me abraza y me da besos. Percibe cuándo estoy de mal humor y se queda cerca de mí", contó. En un deporte donde la presión no desaparece al cruzar la puerta de casa, ese detalle importa.
En el tenis, la relación con los animales de terapia y las mascotas ha llegado a otro nivel. Jessica Pegula, número 4 del mundo y participante en dos ediciones olímpicas, fue directa durante el US Open de este año: "Ahora más jugadoras viajan con mascotas, porque la vida de un lugar a otro es muy dura. Nadie más te da ese tipo de amor. Te quieren incondicionalmente y eso puede ayudar mucho emocionalmente". Roland Garros llegó incluso a otorgar diez acreditaciones para las mascotas de los jugadores. Wimbledon, en cambio, tuvo que reforzar su prohibición de animales en las instalaciones del All England Club ante la creciente presencia de mascotas en el circuito.
El belga Zizou Bergs lo sintetizó bien: "Tener un perro te hace sentir como en casa. Poder hacer eso y descansar es muy importante durante el tiempo que pasas fuera de la pista". En el deporte de élite, donde los márgenes son milímetros y los nervios pueden costar una medalla, a veces lo que marca la diferencia tiene cuatro patas y no habla ningún idioma.
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