Ricciardo Sueña Con Las 24 Horas De Le Mans Junto A Verstappen Y Vettel
El australiano, dos años fuera de la competición, admite que una participación única en la clásica francesa sería el cierre ideal para su carrera, a sus propios términos.

Dos años. Ese es el tiempo que Daniel Ricciardo lleva sin sentarse en un cockpit desde que su historia en la Fórmula 1 terminó con más discreción que gloria en el equipo RB. Y sin embargo, el australiano todavía no ha sellado del todo la puerta. Las 24 Horas de Le Mans, la carrera más icónica del automovilismo de resistencia, son el único escenario que lo haría volver.
El ganador de ocho Grandes Premios lo explicó con claridad en el podcast Beyond The Grid: no está al cien por ciento en paz con cómo terminó todo, pero sí al noventa. Lo que le falta para cerrar ese capítulo no es un campeonato completo, que descarta de plano porque no le genera emoción. Es algo más acotado, más íntimo. Una sola carrera donde, al quitarse el casco, pueda sonreír de verdad.
Y Le Mans, a su juicio, tiene lo que la F1 nunca le ofreció en sus últimas temporadas. En la máxima categoría, el compañero de equipo es tu primer rival. En la clásica de La Sarthe, el formato de coche compartido convierte a los pilotos en aliados reales: información en común, respaldo mutuo, un objetivo colectivo. Ricciardo cree que ahora, con ese fuego desmedido de sus años de plenitud algo más templado, ese tipo de competencia lo haría disfrutable de una forma que la F1 ya no le daba.
Pero el optimismo tiene sus frenos. Ricciardo reconoció que lleva tiempo sin entrenar con la disciplina de antes, y que no quiere tomar ninguna decisión empujado por el ego ni por escribir un final de película. La trampa que teme es conocida: ¿va a Le Mans a disfrutar la experiencia o va a ganar? Porque se conoce bien. Una vez dentro del habitáculo, el instinto competitivo lo absorbe todo, y ese es exactamente el dilema que lo mantiene sin dar el paso. "¿Pongo el corazón en ello?", se preguntó en voz alta, sin respuesta todavía.
La fantasía se vuelve más concreta cuando se habla de compañeros. Ricciardo puso a Max Verstappen entre los primeros nombres de su lista imaginaria, con quien compartió años en Red Bull y dejaron abierta aquella conversación del "¿y si…?" de 2018, cuando el australiano intentaba regresar al equipo. Verstappen, por su parte, ya ha dicho públicamente que Le Mans es una cuenta pendiente en su carrera, lo que hace el sueño menos imposible.
La conversación subió de temperatura cuando el conductor del podcast Tom Clarkson añadió un tercer nombre al dúo: Sebastian Vettel, quien en 2024 probó el Hypercar de Porsche pero aún no ha disputado la carrera. La reacción de Ricciardo fue instantánea e inequívoca. Exclamó sorpresa, reconoció que el alemán cuatro veces campeón del mundo conserva una velocidad que ningún coche puede esconder, y apuntó que esa combinación sonaría a una pequeña y entrañable reunión de la familia Red Bull.
Por ahora, nada de esto pasa de ser una posibilidad suspendida en el aire. No hay negociaciones, no hay equipo, no hay fecha. Solo la voz de un piloto que, dos años después de colgar el mono, todavía escucha algo dentro que no termina de callarse.
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