Investigación Revela Que Casi $500 Millones En Bonos De Firma Del Béisbol Dominicano Fueron A Terceros
Un reportaje de ProPublica expone préstamos usureros, acuerdos con niños de 11 años y un miembro del Salón de la Fama entre los inversionistas del sistema de prospectos dominicanos.

El sueño de llegar a las Grandes Ligas cuesta caro. No en sudor ni en kilómetros recorridos, sino en dólares que nunca llegan a las manos de quien los ganó. Una investigación periodística publicada este jueves 8 de octubre revela que los bonos de firma del béisbol dominicano han alimentado, durante más de una década, un sistema paralelo de préstamos, comisiones abusivas y acuerdos firmados cuando los prospectos todavía no tienen edad legal para obligarse a nada.
Entre 2012 y principios de 2026, las organizaciones de Grandes Ligas pagaron aproximadamente 1,042 millones de dólares en bonos de firma a prospectos dominicanos. De esa cifra, cerca de 500 millones de dólares habrían terminado en manos de entrenadores y prestamistas, según las estimaciones del reportaje. No es un margen. Es casi la mitad del dinero.
El mecanismo funciona así: los entrenadores que preparan a los prospectos en las academias cobran entre el 35% y el 50% del bono al momento de la firma. Proporcionan alimentación, alojamiento, equipo y entrenamiento, pero las proporciones del reparto generan una pregunta incómoda: ¿cuánto queda para el jugador y su familia?
La respuesta más cruda la ofrece uno de los casos documentados. Un adolescente tenía un preacuerdo por 1.8 millones de dólares con una organización de Grandes Ligas. Su entrenador recibió 630,000 dólares. Un prestamista, que había adelantado dinero a la familia mientras el prospecto aún no alcanzaba la edad para firmar, se llevó más de 950,000 dólares. El jugador terminó con una fracción mínima del monto prometido.
Esos prestamistas son otro engranaje del sistema. Ofrecen dinero por adelantado a familias que necesitan liquidez inmediata, a cambio de una porción del bono futuro de un hijo que aún no puede firmar legalmente. Las tasas de interés que acompañan esas operaciones son, según el reportaje, extraordinariamente elevadas.
Entre las figuras examinadas aparece un exjugador de Grandes Ligas miembro del Salón de la Fama, quien reconoció haber invertido millones de dólares en un negocio vinculado al béisbol dominicano. A través de sus representantes legales, explicó que sus operaciones financieras estaban dirigidas a entrenadores, no a menores de edad, y que había comenzado a distanciarse de su antiguo socio comercial por comportamientos que consideró inapropiados.
Quizás el hallazgo más perturbador involucra a niños de apenas 11 años. Las reglas de las Grandes Ligas prohíben formalizar contratos con jugadores internacionales menores de 16, pero la investigación documenta compromisos económicos verbales establecidos años antes de esa edad. En ese vacío operan los intereses de adultos alrededor de un niño que todavía juega en un patio de tierra.
El debate sobre un sorteo internacional para repartir los derechos de los prospectos entre los equipos lleva años sin resolverse. La MLB y el sindicato de jugadores tienen posiciones distintas: unos creen que reduciría los acuerdos anticipados; otros, que limitaría la libertad de los jóvenes para negociar. Mientras tanto, el sistema sigue.
Cada año, unos 450 jóvenes dominicanos reciben bonos de firma del béisbol dominicano. Menos del 10% de ellos llegará alguna vez a jugar un partido en las Grandes Ligas. Para las familias de escasos recursos que apuestan todo al talento de un hijo, esa estadística, combinada con los hallazgos de esta investigación, dibuja un panorama que va mucho más allá del deporte.



