Las Hijas De Maradona Piden Hasta 15 Años De Prisión Para Los Médicos Imputados
Dalma y Gianinna cerraron sus alegatos en el juicio por la muerte del Diez con las penas más duras exigidas hasta ahora, superando incluso lo pedido por la Fiscalía.

El juicio por la muerte de Diego Armando Maradona llegó este miércoles 14 de octubre a uno de sus momentos más cargados de emoción y simbolismo. Las hijas del Diez, Dalma y Gianinna Maradona, a través de sus abogados, exigieron penas de entre 10 y 15 años de prisión para tres de los médicos imputados en el fallecimiento del legendario astro argentino.
La jornada fue la más extensa del juicio hasta ahora: los abogados de las hijas de Maradona hablaron durante cinco horas en el quinto y último alegato de las partes querellantes. El letrado Fernando Burlando tomó la palabra ante el tribunal y puso en perspectiva histórica lo que está en juego: "Lo que ustedes decidirán en este juicio quedará sin ningún tipo de duda marcado a fuego en la memoria colectiva de esta y varias generaciones más".
Las penas solicitadas por la defensa de Dalma y Gianinna superan las pedidas por la Fiscalía. Por el delito de homicidio simple con dolo eventual, los abogados reclamaron 15 años de cárcel para el médico de cabecera Leopoldo Luque, 12 años para la coordinadora de cuidados domiciliarios de Swiss Medical, Nancy Forlini, y 10 años para la psiquiatra Agustina Cosachov.
Un punto de tensión adicional fue la inclusión del psicólogo Carlos Díaz en la acusación. Mientras otras querellas pidieron su absolución, los representantes de las hijas mayores de Maradona mantuvieron el cargo contra él, marcando una diferencia notable entre las distintas partes querellantes.
Burlando eligió palabras de peso para describir al hombre detrás del número 10: "Mataron a un héroe mitológico, a un guerrero capaz de ir y volver del olvido y de la muerte cuando lo deseaba. Y lo hicieron de una manera muy cobarde, aprovechándose de la vulnerabilidad de su salud, agravándola hasta el límite de la muerte misma". La frase resonó en la sala como un epitafio y un alegato al mismo tiempo, cinco años después de la muerte de quien cambió el fútbol para siempre.



