Roberto Alomar Domina La Serie Del Caribe 1995 Con Siete Hits Y Gana El MVP
Exactamente 33 años después de su noche de cuatro imparables con Toronto en la Serie Mundial, se recuerda la trayectoria doble del boricua: campeón del Clásico de Otoño y leyenda del béisbol caribeño.

Cuatro imparables en una noche de octubre en Filadelfia. Siete consecutivos bajo el sol de San Juan. Roberto Alomar construyó su leyenda en los escenarios más grandes del béisbol, y la Serie del Caribe 1995 fue uno de los capítulos más luminosos de esa historia.
Un 19 de octubre como hoy, pero de 1993, Alomar ya había dado una de las grandes actuaciones de su carrera en el Clásico de Otoño. Fue el tercer juego de la Serie Mundial entre los Azulejos de Toronto y los Filis de Filadelfia, en el Veterans Stadium. El intermedista conectó cuatro imparables en cinco turnos, anotó dos carreras y remolcó otras dos. Toronto ganó 10-3 y se puso al frente 2-1 en la serie. Los Azulejos cerrarían el campeonato en seis juegos, su segundo título consecutivo.
Pero esa noche de otoño sería solo el preámbulo de algo igualmente extraordinario. Cuando llegó a la Serie del Caribe 1995, celebrada en San Juan, Puerto Rico, Alomar formó parte de un equipo que la historia recuerda como el Dream Team: los Senadores de San Juan, un conjunto que alineó a Carlos Baerga, Juan González, Bernie Williams, Edgar Martínez y al propio Roberto, entre otras estrellas de Grandes Ligas.
El equipo ganó sus seis compromisos sin conocer la derrota y se coronó campeón invicto. Alomar fue la chispa ofensiva de aquel título. Terminó el torneo con 14 imparables en 25 turnos, promedio de .560, nueve carreras anotadas y diez impulsadas. El premio de Jugador Más Valioso y un lugar en el equipo Todos Estrellas fueron la consecuencia natural de esos números.
Lo que convierte a la Serie del Caribe 1995 en algo todavía más especial es la racha que Alomar protagonizó en el corazón del torneo. El 6 de febrero, frente a los Azucareros del Este de República Dominicana, falló en su primer turno al bate, pero luego encadenó cinco imparables consecutivos, el primero de ellos ante nada menos que Pedro Martínez. Al día siguiente agregó otros dos hits en sus primeras apariciones contra los Naranjeros de Hermosillo, completando una cadena de siete imparables seguidos. Esa marca quedó registrada en los libros históricos de la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe.
La historia de Alomar en el béisbol caribeño no empezó ni terminó en San Juan. Debutó en la Serie del Caribe en 1987 con los Criollos de Caguas y regresó en 1996 con los Lobos de Arecibo y en 1997 con los Indios de Mayagüez. Cuatro participaciones en representación del béisbol puertorriqueño, con promedio de .337, 33 imparables en 98 turnos, cuatro cuadrangulares y 19 carreras impulsadas.
En Grandes Ligas, la carrera de Alomar fue igual de imponente: 17 temporadas, 2,724 imparables, 210 cuadrangulares y promedio de .300. Doce Juegos de Estrellas, diez Guantes de Oro, cuatro Bates de Plata y dos anillos de Serie Mundial con Toronto, en 1992 y 1993. En 2011 llegó la consagración definitiva con su ingreso al Salón de la Fama de Cooperstown y su exaltación al Pabellón de la Fama de la Serie del Caribe, en una promoción puertorriqueña junto a Carlos Baerga, Luis de León y Cándido Maldonado.
Desde aquellos cuatro imparables frente a Filadelfia hasta la racha de siete hits en San Juan, Roberto Alomar demostró que su talento brillaba en cualquier escenario. Su huella pertenece tanto a Cooperstown como al patrimonio histórico del béisbol caribeño.
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